El cohete Space Launch System (SLS), que la NASA tiene listo en la plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral, Florida, presenta un característico color naranja del cohete SLS que llama la atención de especialistas y público en general. Este elemento fundamental de la misión Artemis II, que enviará astronautas alrededor de la Luna por primera vez en más de 50 años, se distingue por su tonalidad brillante visible desde cientos de metros de distancia.
Sin embargo, este tono particular no responde a una decisión estética ni funcional de la agencia espacial estadounidense. La explicación se encuentra en un proceso químico que ocurre cuando el material aislante que recubre el cohete queda expuesto a la radiación solar durante su preparación en la plataforma.
El origen químico del color naranja del cohete SLS
El material responsable de esta apariencia es una espuma de aislamiento térmico aplicada sobre el cuerpo central del vehículo, conocido como core stage, según información de la NASA. Su función principal es proteger los tanques que almacenan hidrógeno líquido y oxígeno líquido, dos propelentes que deben mantenerse a temperaturas extremadamente bajas en las horas previas al despegue.
Al momento de su aplicación, este aislante térmico tiene un tono amarillo claro. No obstante, con el paso del tiempo y tras permanecer expuesto a la luz solar en la plataforma de lanzamiento, la radiación ultravioleta provoca una reacción fotoquímica que oscurece gradualmente el material.
Este cambio visible es el que termina dándole al cohete ese color naranja característico. La espuma actúa como una barrera que reduce el intercambio de calor con el ambiente y evita la formación de hielo en la superficie del vehículo espacial.
La razón por la que la NASA no utiliza pintura blanca
La agencia espacial decidió conscientemente no cubrir esta espuma con pintura por una razón fundamental en la ingeniería aeroespacial: el peso. Agregar una capa adicional implicaría sumar masa que no aporta empuje ni mejora el desempeño del cohete en sus misiones al espacio profundo.
En un lanzador diseñado para misiones lunares de gran alcance, cada kilogramo innecesario reduce el margen operativo y la capacidad total del sistema. Esta consideración resulta crítica cuando se transportan astronautas y equipamiento científico hacia destinos lejanos como la Luna.
Además, esta elección tiene antecedentes históricos. Durante el programa del transbordador espacial, los primeros tanques externos fueron pintados de blanco, pero la experiencia demostró que la pintura no ofrecía ventajas térmicas reales e implicaba un costo significativo en términos de peso.
Un legado del programa del transbordador espacial
A partir de esa experiencia con los transbordadores, la NASA optó por dejar el aislante expuesto en sus vehículos de lanzamiento más pesados. Esta decisión se mantiene vigente en el cohete que llevará a la tripulación de Artemis II en su vuelta a la Luna, prevista para los próximos meses.
El aspecto exterior del SLS refleja así la lógica de un proceso químico natural y criterios de eficiencia operativa, más que una intención visual o de diseño. La tonalidad naranja se ha convertido en una marca distintiva de los cohetes más potentes desarrollados por la agencia espacial estadounidense.
La NASA continúa realizando los últimos ensayos y verificaciones del sistema antes del lanzamiento de Artemis II. Las autoridades aún no han confirmado una fecha definitiva para la misión, aunque los preparativos técnicos avanzan según lo programado en Cabo Cañaveral.

