Las estafas románticas impulsadas por inteligencia artificial generan pérdidas por 3800 millones de dólares anuales a nivel mundial, según el último Informe Global de Crímenes Financieros. Lo que antes comenzaba con perfiles sospechosos en redes sociales evolucionó hacia una sofisticada maquinaria de engaño que se intensifica en fechas como San Valentín, afectando a miles de personas en todo el mundo.
Estos fraudes digitales no solo provocan daños económicos, sino que dejan profundas secuelas emocionales en las víctimas, quienes frecuentemente requieren apoyo de salud mental. La sensación de traición y la falta de respaldo institucional revictimizan a las personas, tratándolas como sospechosas en lugar de víctimas de una manipulación psicológica orquestada.
Cómo la inteligencia artificial perfecciona las estafas románticas
El gran salto tecnológico de los delincuentes radica en el uso de IA generativa para construir identidades falsas desde cero que resultan casi imposibles de rastrear. Ya no se trata únicamente de robar fotografías de internet, sino de crear perfiles completamente convincentes con múltiples capas de credibilidad.
Según explicó Josué Martínez, Global Advisor para BioCatch Latinoamérica, la inteligencia artificial permite a los ciberdelincuentes crear perfiles más convincentes e incluso utilizar audios y videos manipulados para suplantar identidades. Estas herramientas hacen que la detección de estas estafas sea cada vez más difícil para las víctimas y las instituciones.
Los estafadores utilizan deepfakes de video para generar rostros que gesticulan y hablan en tiempo real, haciendo que videollamadas parezcan completamente legítimas. Adicionalmente, mediante clonación de voz simulan situaciones de crisis o accidentes para solicitar dinero urgente, reproduciendo exactamente la voz de la persona con quien la víctima viene conversando.
Los chatbots basados en modelos de lenguaje avanzados mantienen conversaciones afectuosas las 24 horas sin errores gramaticales. Estas herramientas detectan vulnerabilidades psicológicas de las víctimas para saber exactamente qué decir en cada momento, construyendo una conexión emocional fabricada.
Por qué es tan complejo detectar estas estafas
A diferencia de un hackeo tradicional, en las estafas románticas es la propia víctima quien realiza la transferencia bancaria voluntariamente. Martínez señaló que las víctimas utilizan sus propios dispositivos y métodos habituales como huella digital o reconocimiento facial, lo que dificulta la detección temprana de anomalías.
El dinero frecuentemente se transfiere a cuentas mulas creadas específicamente para este propósito, que suelen ser legítimas y estar activas en aplicaciones financieras. Esta característica hace más difícil para el banco de origen rastrear el destino final de los fondos.
Sin embargo, las instituciones financieras pueden implementar tecnologías avanzadas como la biometría conductual para identificar estas situaciones. Esta tecnología analiza cómo el usuario interactúa con la aplicación o web, detectando velocidad de tecleo, movimiento del mouse y presión al escribir.
Cuando la víctima está bajo coacción o estrés al enviar dinero, su comportamiento cambia notablemente. La indecisión, pausas prolongadas y otros patrones anómalos pueden generar alertas que permitan intervenir antes de que se concrete la transferencia.
Recomendaciones para evitar caer en la trampa
Los expertos recomiendan nunca enviar dinero, criptomonedas o tarjetas de regalo a personas que no se conocieron personalmente. Las historias de emergencias médicas o problemas aduaneros constituyen el guion clásico de estos delincuentes.
Es fundamental evitar compartir información personal sobre ingresos, ahorros o fotografías de documentos por chat, sin importar el nivel de confianza construido. Además, si alguien desconocido contacta repentinamente por WhatsApp o Instagram simulando una confusión de número e intenta entablar una relación, debe bloquearse de inmediato.
Las autoridades y expertos en ciberseguridad continúan desarrollando nuevas herramientas de detección, aunque la evolución constante de las técnicas de fraude requiere actualización permanente de los sistemas de protección. La colaboración entre bancos, plataformas digitales y usuarios resulta esencial para combatir este creciente problema que combina manipulación emocional con tecnología de punta.

