Una de las operaciones de fraude digital más grandes jamás detectadas fue desmantelada en Birmania a fines de 2025. Se trata de Shunda Park, un complejo cerrado ubicado en medio de la selva birmana, donde organizaciones criminales chinas ejecutaban estafas virtuales de manera sistemática. El centro operaba con jerarquías internas, guiones establecidos y métricas de rendimiento, recaudando millones de dólares bajo la tolerancia del régimen militar birmano.
El complejo funcionaba en una región atravesada por la guerra civil y albergaba más de 3500 personas de casi 30 países. Según un informe del New York Times, muchos trabajadores fueron captados con falsas ofertas laborales, trasladados a la fuerza a Birmania y obligados a participar en las estafas tras quitarles sus documentos de identidad.
Cómo operaba el mayor centro de fraude digital del mundo
Shunda Park comenzó a funcionar en 2024 con una estructura diseñada para sostener una operación permanente. Las instalaciones incluían grandes salas con filas de computadoras conectadas a redes privadas y áreas de videoconferencia que imitaban oficinas financieras reales. Additionally, bibliotecas con libros de negocios falsos, cuadros modernos y mobiliario de diseño componían una escenografía pensada para convencer a las víctimas durante videollamadas.
Cada estafa seguía un método preciso y estructurado. Los operadores iniciaban contacto a través de redes sociales o aplicaciones de mensajería con perfiles cuidadosamente construidos, presentándose como inversores exitosos o personas interesadas en una relación amorosa. El objetivo era generar confianza durante semanas o meses antes de ejecutar la estafa financiera mediante oportunidades de inversión o pedidos de envío de fondos.
Tecnología avanzada al servicio del fraude digital
El complejo no dependía únicamente de la persuasión humana. En Shunda Park se utilizaban herramientas de inteligencia artificial generativa, videos manipulados y deepfakes para reforzar la credibilidad de los engaños. También se desarrollaban sitios web y aplicaciones financieras fraudulentas que replicaban plataformas reales de inversión, con balances ficticios y ganancias simuladas.
El enfoque variaba según el país de la víctima. Para Estados Unidos, los operadores apuntaban especialmente a hombres mayores con ahorros disponibles, mientras que en otros mercados las estafas románticas o falsas inversiones en criptomonedas resultaban más efectivas. However, el esquema general era siempre el mismo: contacto inicial, construcción del vínculo y extracción progresiva de dinero.
Las víctimas no respondían a un único perfil. Profesionales, empresarios, jubilados y usuarios con experiencia digital también caían en las trampas, según indicó la investigación. La combinación de tecnología, tiempo y manipulación emocional ampliaba el alcance de las estafas mucho más allá de los engaños tradicionales.
Control interno mediante incentivos y violencia
La investigación del New York Times reveló que dentro del complejo regía un sistema de premios y sanciones. Cuando una estafa superaba los 5000 dólares, se hacía sonar un gong, y si alcanzaba cifras mayores, se realizaban ceremonias frente a altares con deidades chinas. El fraude exitoso era celebrado como un logro productivo.
Meanwhile, el otro lado del sistema era la violencia. Testimonios recogidos tras la toma del complejo describen golpizas, encierros, grilletes y privación de alimentos como castigos habituales para quienes no cumplían los objetivos. Algunas áreas del parque tenían un aspecto carcelario, con rejas, cámaras de vigilancia y celdas improvisadas utilizadas como escarmiento público.
Shunda Park operaba en una zona donde el Estado prácticamente no existe. Las redes criminales chinas actuaban con la tolerancia del régimen militar de Birmania, que encontró en estas economías ilícitas una fuente de ingresos en medio de sanciones internacionales y aislamiento diplomático. El dinero generado alimentaba redes locales de protección, corrupción y control territorial en un país devastado por la guerra civil.
Desmantelamiento y continuidad del problema
A fines de 2025, milicias rebeldes que combaten al ejército birmano tomaron el control de la zona donde se encontraba Shunda Park. La operación permitió el ingreso de periodistas y dejó al descubierto el funcionamiento interno del complejo, con miles de celulares, tarjetas SIM y equipos electrónicos abandonados. Parte del material fue entregado a autoridades de Tailandia junto con un hombre identificado como uno de los responsables del centro.
In contrast, el desmantelamiento de Shunda Park no marcó el fin del negocio. Según datos de organismos internacionales, las estafas digitales generadas desde el sudeste asiático mueven miles de millones de dólares por año, y solo en Estados Unidos las pérdidas denunciadas el año pasado superaron los 10.000 millones de dólares.
Mientras Shunda Park quedaba fuera de funcionamiento, en otras regiones de Birmania ya se levantan nuevos complejos similares. La combinación de conflicto armado, pobreza estructural y redes criminales transnacionales ofrece el terreno ideal para que la industria global del fraude digital continúe expandiendo sus operaciones en la región.

