Hielo Prisma se ha consolidado como la primera fábrica de hielo transparente de la Argentina, un emprendimiento que nació de la amistad de toda la vida entre Hernán Biglia y Máximo Fioravanti. Según relató Biglia en diálogo con TN, la iniciativa combina intuición, técnica y oportunidad para redefinir un insumo básico de la gastronomía local. Ambos socios, de 44 años, convirtieron un experimento casero en un negocio que hoy produce cerca de 10.000 kilos mensuales y factura alrededor de $50 millones por mes.
La idea surgió cuando Fioravanti, ingeniero y anfitrión habitual, detectó que en otros países se utilizaba un tipo de hielo para enfriar sin diluir las bebidas que no existía en el mercado argentino. El salto del experimento al negocio fue artesanal: seis cubos, una conservadora de telgopor y una recorrida por 20 bares porteños con un vaso y una botella de whisky para demostrar el resultado. El interés fue inmediato y marcó el inicio de una producción que abastece hoy a restaurantes y barras especializadas.
La empresa opera principalmente en la Ciudad de Buenos Aires y el corredor norte, con envíos también a Mar del Plata y Córdoba. Desde hace algunos meses, la fábrica comenzó a vender directamente al público general como un producto diferencial. El equipo está compuesto por siete personas que trabajan en un galpón de 400 metros cuadrados, una evolución significativa desde el garage inicial.
El proceso detrás del hielo transparente
Fioravanti encaró el desarrollo técnico mientras Biglia se hizo cargo de la parte comercial, según explicó este último. Ante la imposibilidad de adquirir equipos específicos en el mercado, decidieron fabricar sus propias máquinas. Diseñaron los planos y desarrollaron la tecnología para el enfriamiento, logrando contar hoy con seis máquinas en funcionamiento y una séptima en camino.
El primer prototipo casero fue armado en un freezer, pero hacerlo a nivel industrial requirió maquinaria específica. “Es muy distinto a hacer uno solo, es difícil de cortar”, explicó Biglia. La dedicación exclusiva llegó cuando la demanda empezó a superar la capacidad productiva, con Fioravanti dejando sus actividades casi desde el inicio y Biglia sumándose a tiempo completo entre 2021 y 2022.
Características del producto
El nombre Prisma remite a la transparencia y pureza, similar a un cristal. El producto consiste en piezas grandes, geométricas y totalmente claras, pensadas para tragos donde el hielo es parte central de la experiencia. El diferencial con el hielo tradicional se basa en tres ejes fundamentales que han captado la atención del sector gastronómico.
Desde el punto de vista funcional, al ser una pieza grande, la relación entre volumen y superficie de contacto es menor, lo que reduce la dilución. “Enfría la bebida sin aguarla rápido, ideal para tragos como el Negroni”, señaló Biglia. Esta característica técnica convierte al hielo transparente en un insumo premium para la coctelería especializada.
Además, el aspecto estético se logra mediante la transparencia total y la geometría definida con corte en sierra, otorgándole un aspecto similar al vidrio. El tercer eje es creativo: bartenders comenzaron a usarlo como elemento de diseño, solicitando desde congelar flores o frutas en su interior hasta formas especiales como esferas. Estos pedidos personalizados demuestran la versatilidad del producto más allá de su función tradicional.
Expansión y modelo de negocio
La facturación mensual ronda los $50 millones, aunque el consumo mostró una baja respecto del año pasado, según indicó Biglia. La empresa trabaja principalmente con bares, restaurantes y organizadores de eventos, consolidando una base de clientes en el segmento premium. Sin embargo, exportar el producto no resulta viable por su naturaleza perecedera.
En cambio, exportar el know-how sí representa una oportunidad concreta. “Lo más conveniente es exportar el modelo de negocio o la maquinaria”, explicó Biglia. De hecho, Hielo Prisma ya asesora a un emprendimiento en Paraguay que utiliza su desarrollo tecnológico. Esta estrategia permite expandir el alcance sin las limitaciones logísticas del producto físico.
Paralelamente, el proyecto comenzó a explorar la venta al consumidor final, una apuesta que apunta a instalar la idea de que más hielo no implica menos bebida. Para eso, “todavía falta educar al consumidor”, admitió Biglia. Por ahora, se puede adquirir en algunas vinotecas, aunque también es posible hacer pedidos directos a fábrica para volúmenes grandes.
A siete años del primer prototipo y tras pasar de un garage a un local de 70 metros cuadrados en Chacarita hasta el actual galpón, el emprendimiento sigue en expansión. La séptima máquina en camino y la exploración del mercado minorista marcan los próximos pasos, aunque la consolidación definitiva en el segmento de consumo masivo aún dependerá de la evolución del mercado y la educación del público.

