La inflación de 2025 cerró en 31,5%, el nivel más bajo de los últimos ocho años en Argentina, pero no todos los rubros aumentaron al mismo ritmo. Los precios relativos mostraron diferencias significativas entre sectores, con algunos productos superando ampliamente el promedio inflacionario mientras otros quedaron rezagados. Según la consultora GMA Capital, al menos siete bienes y servicios se ubicaron por encima de la inflación anual, mientras que otros seis quedaron por debajo del índice general.
El análisis de los precios relativos reveló que la carne vacuna lideró los aumentos con un incremento del 32% en términos reales hasta noviembre, seguida por el tipo de cambio oficial que cerró 2025 con una suba del 7% real. Estos movimientos reflejan el proceso de reacomodamiento de precios que comenzó con la gestión de Javier Milei.
El reacomodamiento de los precios relativos en la economía argentina
Al inicio del gobierno de Milei, la fuerte devaluación se trasladó a los precios y se liberaron varios rubros regulados que habían permanecido congelados durante la gestión anterior. Esta medida explica las pronunciadas subas en costos de vivienda, principalmente vinculadas a las tarifas de energía. Consecuentemente, los precios relativos de la economía empezaron a reacomodarse, generando disparidades entre diferentes sectores.
Según GMA Capital, los salarios registrados basados en el RIPTE crecieron 4% en términos reales hasta noviembre, mientras que los precios regulados y la carne de cerdo avanzaron 2% cada uno. Adicionalmente, la inflación núcleo y el rubro de alimentos y bebidas subieron 1% en el acumulado del año. La dinámica de precios mostró tensiones en el margen, con regulados y servicios presionando al alza.
En contrapartida, varios sectores perdieron terreno frente a la inflación promedio. Los salarios del sector privado retrocedieron 1% contra la inflación hasta octubre, al igual que el dólar contado con liquidación que cayó 2%. Mayores retrocesos se registraron en la canasta básica total con una caída del 3%, la inflación mayorista con 6%, materiales de construcción con 8% y prendas de vestir y calzado con 12%.
Desafíos para profundizar la desaceleración inflacionaria en 2026
Las perspectivas sobre la inflación para 2026 señalan que perforar el índice actual de precios será más complejo que en 2025. Desde mayo, cuando la inflación marcó 1,5%, se registraron siete meses consecutivos con aumentos hasta alcanzar el 2,8% en diciembre. La consultora LCG advirtió que es más fácil bajar la inflación de niveles muy altos que lograr valores realmente bajos, debido a elementos inerciales difíciles de romper.
El esquema de bandas cambiarias aportó previsibilidad al régimen macroeconómico, reduciendo la volatilidad y contribuyendo a moderar el traspaso a precios, según indicó GMA. Sin embargo, con la nueva actualización del esquema cambiario, el Banco Central priorizó la acumulación de reservas por sobre el proceso de desaceleración. Las anclas macro, el superávit fiscal y una demanda todavía débil contribuyeron a ordenar la nominalidad durante 2025.
Los analistas de LCG calcularon que este año la inflación se ubicará en torno a 25%, pero marcaron dos factores necesarios para quebrar la inercia: orientación de expectativas mediante un programa monetario claro y acudir al botiquín de remedios heterodoxos como complemento de las medidas ortodoxas. En esa línea, los expertos de Inveq advirtieron que los procesos de desinflación no son lineales y suelen demorar varios años.
De cara a enero de 2026, se espera una leve moderación de la inflación que se ubicaría en torno a 2,6%. Para el resto del año, el escenario base contempla un promedio mensual de 1,8%, con una inflación anual que rondaría el 25%, según Inveq. La evidencia sugiere que reducir la inflación de tres a dos dígitos suele ser relativamente rápido, pero converger desde esa zona a niveles de un dígito es mucho más desafiante.

