Veinte años después de convertirse en uno de los personajes más icónicos del cine contemporáneo, Meryl Streep volvió a interpretar a Miranda Priestley en la secuela de El diablo se viste a la moda. Sin embargo, el regreso al emblemático rol no solo significó un reencuentro con un clásico de culto, sino que dejó secuelas físicas reales en la actriz, según confesó ella misma en una reciente entrevista con la revista Vogue.
“Casi sufrí estrés postraumático”, admitió Streep al referirse a las 16 semanas de rodaje de la película, cuyo estreno está previsto para el 1 de mayo. La actriz bromeó diciendo que siente que debería recibir una Medalla de la Libertad por haber ocupado ese lugar durante 20 años, manteniendo la imagen de Miranda pero adaptándola con el paso del tiempo.
El comentario, dicho con humor, puso en primer plano una dimensión pocas veces explorada del glamour cinematográfico: el costo corporal de sostener una imagen de poder durante horas, días y semanas. Volver a Miranda, explicó Streep, fue como “entrar al fondo de tu propio armario y encontrar algo, pensar: ‘Oh, me pregunto si esto todavía me queda'”.
La frase resume el espíritu de esta nueva etapa del personaje: la misma autoridad implacable, atravesada por el paso del tiempo y por un cuerpo que ya no responde de la misma manera. El vestuario de la secuela mantuvo la estética rigurosa que caracterizó a Miranda en la primera película, con especial énfasis en el calzado de alta gama.
Los stilettos rojos y el lenguaje del poder
El primer tráiler, presentado el año pasado, confirmó que el lenguaje visual de Miranda Priestley sigue intacto. La escena inicial no muestra su rostro ni su voz: muestra sus pies. Allí aparecen unos stilettos rojos de Rockstud con tachas, creados por Valentino en 2010, un modelo que se convirtió en símbolo del poder de la década.
La elección no es casual. Para Patricia Field, diseñadora de vestuario que vuelve a estar al frente del proyecto, los zapatos siguen siendo una herramienta narrativa central. Los Rockstud —diseñados por Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli— combinan arquitectura clásica con una impronta urbana y afilada.
El rojo, además, refuerza el mensaje. No es solo un color; es una advertencia. En Miranda Priestley, el taco no acompaña: antecede y marca el ritmo de la escena antes de que el personaje diga una sola palabra.
Ese código se repite en otros looks que ya circularon durante el rodaje. En una de las imágenes más comentadas en redes sociales, Streep aparece con stilettos destalonados High Cubisto de Jacquemus, también en rojo intenso. El resto del outfit funciona casi como marco neutro: los zapatos concentran toda la tensión visual.
Plataformas y control visual
En otro momento, el personaje combina una falda de Gabriela Hearst con zapatos de plataforma Charlotte vintage de Gucci, en tono naranja. De cuero, con puntera redondeada y plataforma oculta, estos tacos refuerzan una idea de solidez y control: menos agresivos, pero igual de dominantes.
Durante una escena rodada en las escalinatas del Museo Americano de Historia Natural, Miranda aparece en la MET Gala de ficción con plataformas de satén carmesí, de punta abierta y silueta escultórica. El diseño remite a los tacones de noche de Giuseppe Zanotti y Brian Atwood de principios de la década de 2010: teatrales, pesados, pensados para ser vistos y recordados.
También hay lugar para una Miranda más fría y estratégica. En una escena aparte, Streep luce tacones grises de formas cuadradas, con interior espejado, combinados con un conjunto monocromático de pantalón cropped y chaqueta a juego. Aquí el impacto no pasa por el color, sino por la precisión.
El vestuario de Miranda Priestley como herramienta narrativa
En todos los casos, el calzado cumple una función que va más allá del estilo. Para Field, los zapatos definen postura, tempo y carácter. En una película donde la moda es lenguaje, los tacos son puntuación.
Paradójicamente, esa construcción simbólica tuvo consecuencias físicas reales. Los stilettos que representan poder, control y autoridad en pantalla —con alturas que van de los 10 a los 14 centímetros— fueron también los responsables del desgaste que Streep describió con ironía, pero sin minimizar el esfuerzo.
Así, El diablo se viste a la moda 2 vuelve a demostrar que, detrás del mito fashion, hay cuerpo, tiempo y resistencia. Y que incluso para Miranda Priestley, el precio del poder se paga, muchas veces, desde los pies. La película llegará a los cines el 1 de mayo, cuando el público podrá ver en detalle cada elemento de este sofisticado vestuario y el retorno de uno de los personajes más influyentes de la moda cinematográfica.

