El crimen de Sarah Henshaw, una mujer de 31 años de Ilkeston, Derbyshire, en el Reino Unido, se transformó en uno de los casos de feminicidio más impactantes de la crónica policial británica. La desaparición de la joven, reportada en junio de 2023, desencadenó una investigación que reveló una trama de violencia de género, manipulación digital y encubrimiento que conmocionó a la opinión pública internacional.
Según las autoridades británicas, el responsable del feminicidio fue Darren Hall, expareja de la víctima con quien mantenía una relación conflictiva desde 2011. La investigación policial determinó que Hall asesinó a Henshaw en su propia vivienda de la calle Norman tras una discusión, luego de que ella le exigiera abandonar el hogar y devolver las llaves.
La violencia de género que terminó en tragedia
La relación entre Sarah Henshaw y Darren Hall estuvo marcada por rupturas y reconciliaciones durante más de una década. Sin embargo, en junio de 2023, la joven tomó la decisión definitiva de terminar la convivencia y solicitó formalmente que Hall se marchara de su casa.
Lejos de aceptar la separación, el agresor ingresó al domicilio utilizando una llave que se había negado a entregar. En el interior de la propiedad se produjo una violenta confrontación que culminó con la muerte de Sarah.
Los peritajes forenses revelaron la presencia de hematomas en el cuello de la víctima, evidencia que sugirió un estrangulamiento por lazo como causa del deceso. Esta información contradijo posteriormente la versión que Hall intentaría presentar ante las autoridades judiciales.
El engaño digital para ocultar el feminicidio
Tras consumar el crimen, Hall implementó un elaborado plan de encubrimiento. Según la policía de Derbyshire, el asesino cargó el cuerpo sin vida en su vehículo y lo trasladó hasta una zona boscosa cercana a la carretera A617, donde lo ocultó a aproximadamente cinco metros del asfalto.
Adicionalmente, Hall utilizó el teléfono móvil de Sarah para enviar mensajes de texto a sus familiares y amigas. En estas comunicaciones simulaba ser la víctima, afirmando que había decidido marcharse de la ciudad para comenzar una nueva vida en otro lugar.
Este engaño digital tenía como objetivo retrasar la denuncia por desaparición y confundir a los investigadores. No obstante, el análisis de celdas telefónicas y los registros de tráfico en la autopista M1 desmontaron rápidamente su coartada.
Las pruebas que incriminaron al acusado
La policía británica detectó que los movimientos del dispositivo móvil de Henshaw coincidían geográficamente con el recorrido de Hall durante la madrugada posterior al asesinato. Además, las cámaras de seguridad captaron al sospechoso deshaciéndose de la bata y las zapatillas de la víctima en contenedores públicos.
Durante el trayecto hacia el lugar donde ocultó el cadáver, Hall activó la linterna del teléfono de Sarah en varias ocasiones para obtener visibilidad. Estas acciones quedaron registradas y se convirtieron en evidencia clave para la acusación.
El hallazgo del cuerpo en avanzado estado de descomposición permitió a los forenses determinar las circunstancias exactas de la muerte. Las lesiones documentadas contradijeron completamente la versión del acusado.
Condena ejemplar por el crimen de Sarah Henshaw
El caso llegó al Tribunal de la Corona de Derby, donde Hall intentó argumentar que la muerte había sido accidental, producto de una caída por las escaleras. Sin embargo, las pruebas patológicas y el testimonio de expertos desestimaron esta hipótesis.
El jurado deliberó durante apenas cuatro horas antes de declararlo culpable de asesinato. El juez impuso una sentencia de cadena perpetua con un mínimo de 17 años de prisión efectiva, según informaron las autoridades judiciales británicas.
La familia de Sarah Henshaw expresó su dolor tras la sentencia y recordó a la joven como una persona generosa que solamente buscaba estabilidad emocional. El caso permanece como un ejemplo doloroso de la importancia de identificar señales de peligro en relaciones tóxicas.
La condena se encuentra firme y Hall deberá cumplir al menos 17 años antes de ser considerado para una posible libertad condicional, aunque las autoridades no han descartado que permanezca encarcelado de por vida.

