El Parlamento Europeo decidió remitir el acuerdo de asociación entre la Unión Europea y el Mercosur al Tribunal de Justicia del bloque, generando reacciones dispares en el escenario político comunitario. La decisión, impulsada por sectores de extrema derecha y extrema izquierda, puso en evidencia el clima de polarización extrema que atraviesa la política regional europea. Según fuentes consultadas en Bruselas, la negativa a ratificar el acuerdo respondió a razones estrictamente políticas vinculadas con disputas internas dentro del bloque.
La medida se concretó en medio de tensiones que pusieron en el centro de la escena a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. El actual Parlamento Europeo, considerado uno de los más heterogéneos de los últimos años, combina una amplia gama de partidos y colores políticos que complejizan la construcción de consensos en temas estratégicos como el tratado con el Mercosur.
Francia y la oposición al acuerdo Mercosur UE
Francia y otros países históricamente reticentes a la firma del tratado jugaron un rol central en la decisión parlamentaria. Sus representantes, sin distinción estricta de alineamiento ideológico, influyeron para que el acuerdo Mercosur UE fuera enviado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Este paso abre un proceso de revisión jurídica que podría extenderse entre un año y medio y dos años, según indican las autoridades comunitarias.
Sin embargo, la Comisión Europea conserva la potestad de activar el acuerdo de manera provisoria. Para avanzar en ese sentido, las autoridades comunitarias esperan un movimiento previo del Mercosur. El tratado deberá ser tratado y ratificado por los distintos congresos de los países sudamericanos que integran el bloque.
Ratificación en los parlamentos sudamericanos
Una vez que al menos la mitad de las ratificaciones sudamericanas estén concretadas, se espera que la Comisión pueda proceder de forma unilateral en Europa. Mientras tanto, el Tribunal de Justicia deberá emitir un dictamen final para determinar si el tratado cumple con las exigencias jurídicas del bloque comunitario o presenta incompatibilidades legales que impidan su avance.
Hasta que ese fallo llegue, y siempre que la Comisión Europea y los parlamentos del Mercosur lo avalen, el acuerdo podría regir de manera provisoria. El escenario contempla dos desenlaces posibles: si el Tribunal falla en contra, el acuerdo quedará sin efecto; si el dictamen es favorable, el tratado pasará a quedar activo de forma definitiva tras haber transitado un período de aplicación provisoria.
Importancia geopolítica del acuerdo
En los pasillos de Bruselas, distintas voces coinciden en que la activación del acuerdo resulta clave para la estrategia internacional de la Unión Europea. Consideran que un plazo de hasta dos años para una definición final es demasiado extenso frente a la velocidad de los cambios que atraviesan el escenario global.
Las autoridades europeas están convencidas de que el Mercosur es un socio necesario para construir alianzas políticas por fuera de la órbita de Estados Unidos. En ese marco, el acuerdo no solo tiene una dimensión comercial, sino también un fuerte contenido geopolítico que busca fortalecer la cooperación en un contexto internacional marcado por el proteccionismo.
Avanzar en la implementación del acuerdo Mercosur UE sería, para la Unión Europea, una señal concreta de cooperación y diversificación de socios estratégicos. El tratado representa una oportunidad para ambos bloques de ampliar sus mercados y fortalecer vínculos en áreas como inversiones, servicios y compras gubernamentales.
La pelota quedó del lado sudamericano, donde las autoridades nacionales deberán iniciar los procesos de debate y ratificación parlamentaria. En Bruselas aguardan definiciones que permitan destrabar el proceso y habilitar el próximo paso en un acuerdo que sigue atrapado entre tensiones políticas internas y tiempos institucionales prolongados.

