Cuarenta años después de aquel 8 de febrero de 1986, la chilena de Enzo Francescoli contra Polonia sigue siendo considerada uno de los mejores goles de la historia del fútbol argentino. A pesar de haberse marcado en un partido amistoso de verano sin validez oficial, la jugada del ídolo de River en Mar del Plata trascendió el tiempo y se convirtió en leyenda pura del deporte.
Aquella noche, River enfrentaba a la selección polaca en un encuentro de preparación disputado en la costa atlántica. No había títulos en juego ni presión competitiva real, pero el fútbol tenía otros planes para ese partido que terminaría 5-4 a favor del equipo millonario.
La jugada que inmortalizó a Francescoli
Cuando la pelota cayó en el área, el uruguayo resolvió en una fracción de segundo con instinto puro. Sin mirar el arco, leyó el rebote perfectamente y ejecutó una chilena tan inesperada como precisa que selló la remontada en el último suspiro del encuentro.
Desde ese momento, la jugada comenzó a repetirse incansablemente en archivos y transmisiones. Aunque nunca entró en registros oficiales ni rankings estadísticos formales, la chilena de Francescoli se grabó en la memoria colectiva de varias generaciones de fanáticos del fútbol.
El contexto que elevó el gol a categoría mítica
Polonia no era un rival menor en aquel momento. La selección europea venía de conseguir el tercer puesto en el Mundial de España 1982 y se preparaba intensamente para México 1986, según los registros de la época.
Además, River estaba construyendo el plantel que meses después conquistaría América y el mundo. La jerarquía de ambos equipos le dio al amistoso una intensidad que superaba ampliamente la de un simple partido de verano sin compromisos.
El encuentro completo fue frenético, lleno de goles y emociones de principio a fin. Sin ese remate acrobático de Francescoli, el partido habría sido recordado apenas como un vibrante empate estival, pero la chilena transformó el 5-4 en una escena imborrable del fútbol argentino.
El relato que construyó el mito
La transmisión televisiva terminó de consolidar la leyenda de la chilena de Francescoli. El grito del relator llegó antes del impacto, como si la jugada estuviera predestinada, según se puede escuchar en los archivos históricos.
Esa anticipación vocal, repetida durante décadas en cada reproducción del gol, contribuyó a que la hazaña creciera con el paso del tiempo. La estética de la jugada y su narración se volvieron inseparables en el imaginario futbolístico.
Adicionalmente, el hecho de tratarse de un gol en partido amistoso paradójicamente liberó la jugada de cualquier presión estadística. No necesitó validación oficial para alcanzar la inmortalidad, lo cual refuerza su carácter único en la historia del deporte.
Un gol que no necesitó ser oficial para volverse eterno
A cuatro décadas de aquella noche en Mar del Plata, el debate sobre la chilena de Francescoli permanece vigente. No figura en planillas formales ni en bases de datos oficiales de torneos, pero continúa siendo vista, compartida y discutida por aficionados de todas las edades.
La jugada trascendió las limitaciones del contexto en que nació. Se transformó en símbolo de la elegancia futbolística y del talento innato, valores que los hinchas argentinos siguen celebrando décadas después.
El legado de aquel gol permanecerá vigente mientras existan plataformas para compartir su imagen y generaciones dispuestas a admirar el fútbol en estado puro. La chilena de Francescoli demostró que la grandeza deportiva no siempre necesita certificados oficiales para conquistar la eternidad.

