Elena Rybakina se consagró campeona del Abierto de Australia tras vencer a Aryna Sabalenka en una final disputada a tres sets por 6-4, 4-6 y 6-4. La tenista kazaja de 26 años alcanzó así su segundo título de Grand Slam, después de haber conquistado Wimbledon en 2022, consolidando su regreso a la élite del tenis mundial.
El triunfo de Rybakina en Melbourne representa una revancha especial, ya que en 2023 había perdido la final del mismo torneo precisamente ante Sabalenka. La kazaja demostró su capacidad de recuperación en un partido intenso que se extendió por más de dos horas y media en la Rod Laver Arena.
El camino hacia el título del Abierto de Australia
A pesar de mantenerse entre las cinco mejores del mundo, la carrera de Rybakina había experimentado varios altibajos en los últimos tiempos. Después de alcanzar el tercer puesto del ranking en 2023, su nombre había quedado lejos de los grandes flashes del circuito profesional.
Sin embargo, este título marca su retorno definitivo a la cima del tenis femenino. Según el ranking WTA, la kazaja ascenderá al tercer puesto mundial el próximo lunes, recuperando así la posición que había alcanzado en su mejor momento profesional.
Una trayectoria marcada por las circunstancias
Una particularidad distintiva de Rybakina es que nació y vive en Moscú, Rusia, pero también posee raíces provenientes de Kazajistán. En 2022, Wimbledon había prohibido la participación de tenistas rusos y bielorrusos debido a la invasión a Ucrania.
No obstante, la joven pudo competir en el All England por tener la nacionalidad kazaja y se alzó con el título. Esta situación ha generado debates sobre su representación nacional, aunque ella compite oficialmente bajo la bandera de Kazajistán desde 2018.
La rivalidad especial con Sabalenka
Las finalistas del Abierto de Australia mantienen una gran rivalidad en el circuito profesional. Antes de este encuentro, Sabalenka lideraba la lista de enfrentamientos directos con ocho victorias frente a siete de la kazaja.
Con este triunfo, Rybakina empató el historial de enfrentamientos en ocho victorias por lado, intensificando aún más esta competencia que promete seguir siendo uno de los duelos más atractivos del tenis femenino. Además, ambas tenistas se han enfrentado en momentos cruciales de torneos importantes, elevando la tensión de cada partido.
El rendimiento de una campeona consolidada
A pesar de los altibajos mencionados, Rybakina acumula doce títulos individuales en su carrera profesional. Su juego se caracteriza por un saque potente y golpes de fondo agresivos que le permiten dominar desde la línea de base.
La tenista había sido nominada al premio WTA Revelación del Año en 2019, lo que ya anticipaba su potencial para alcanzar grandes logros. Su capacidad para mantener la calma en momentos decisivos quedó demostrada nuevamente en esta final australiana.
El equipo detrás del éxito
Rybakina trabaja bajo la dirección de Stefano Vukov, quien ha sido fundamental en su desarrollo táctico y mental. La kazaja es profesional desde 2014 y su altura de 1,84 metros le brinda una ventaja significativa en el servicio y en el alcance de sus golpes.
Con este segundo título de Grand Slam, la tenista demuestra que su triunfo en Wimbledon no fue casualidad. Su consistencia en las superficies rápidas la convierte en una seria candidata para futuros torneos importantes del calendario WTA.
Se espera que Rybakina mantenga este nivel de juego en los próximos torneos del año, especialmente en Roland Garros y nuevamente en Wimbledon, donde buscará defender su condición de campeona pasada. Su ascenso al tercer puesto del ranking la posiciona como una de las principales favoritas para cualquier competencia.

