Jorge González, conocido como “El Gigante”, fue un basquetbolista y luchador profesional argentino que llegó a medir 2 metros 32 centímetros, convirtiéndose en una de las personas más altas de la historia del país. Nacido en El Colorado, Formosa, González fue el primer jugador argentino seleccionado en un draft de la NBA en 1988, cuando Atlanta Hawks lo eligió en el puesto 54. Su vida estuvo marcada por las dificultades de vivir en un mundo que no estaba preparado para su extraordinaria estatura.
González falleció el 22 de septiembre de 2010 en el hospital de General San Martín, Chaco, a los 44 años. Según relatos de su historia, murió solo, enfermo y cansado, tras años de luchar contra diversas complicaciones de salud derivadas de su condición de gigantismo acromegálico.
Los inicios del basquetbolista más alto de Argentina
El Gigante González creció en una familia numerosa y humilde de Formosa. A los 8 años ya medía 1,70 metros, y a los 12 superaba el 1,90. Trabajó en la construcción y realizó diversos trabajos antes de que su vida cambiara para siempre en septiembre de 1982, cuando tenía 16 años y medía más de 2,20 metros.
Según los registros históricos, fue descubierto por Oscar Rozanovich, un viajante de comercio que lo vio en un bar de su pueblo. Días después, Carlos Lutringer, directivo de un club de básquet chaqueño, le ofreció su primer contrato profesional. González nunca había jugado al básquet, pero aceptó la propuesta y esa misma noche durmió por primera vez en un hotel.
El desafío de calzar en un mundo diferente
Una de las mayores dificultades que enfrentó Jorge González fue encontrar calzado apropiado. En Argentina nadie fabricaba zapatillas de su talla, que llegó a ser 58. Las hormas industriales no podían producir zapatos de ese tamaño, por lo que usaba sandalias de fabricación casera.
Inicialmente, los entrenadores creyeron imposible convertirlo en jugador profesional. Pesaba más de 180 kilos, se movía con lentitud y era torpe con la pelota. Sin embargo, con el tiempo aprendió los fundamentos del juego bajo la tutela de León Najnudel en Sport Club Cañada de Gómez.
El paso a la NBA y la lucha libre
En sus tres últimos años en la Liga Nacional, González promedió casi 20 puntos y 12 rebotes por partido. Su desempeño le valió el llamado a la Selección Nacional, donde jugó el preolímpico y campeonatos continentales. Durante un cuadrangular en Madrid, un scouter de Atlanta Hawks lo observó y quedó impresionado.
Cuando fue seleccionado en el draft de la NBA en 1988, se convirtió en el primer argentino en lograr ese hito. Fernando Bastide, su representante, afirmó que “que un argentino fuera elegido en la NBA en el 88 era una especie de milagro”. Los Hawks le exigieron adelgazar 40 kilos en un año, condición que no pudo cumplir.
La fama como luchador profesional de Jorge González
Tras ser rechazado por Atlanta Hawks por no cumplir con los requisitos físicos, González recibió una oferta inesperada. Una empresa de lucha libre del conglomerado de Ted Turner le propuso un contrato millonario: 175.000 dólares el primer año, 225.000 el segundo y 350.000 el tercero. A pesar de no tener experiencia en lucha, aceptó la propuesta.
Lo apodaron “El Gigante” y lo enfundaron en una malla que cubría su cuerpo desde el cuello hasta los tobillos. Desarrolló tomas características como “La Garra del Gigante”, donde apretaba las sienes del rival hasta vencerlo, y la “Chokeslam”. Rápidamente se convirtió en uno de los favoritos del público por su presencia imponente.
El éxito en la WWF
Cuando su madre falleció súbitamente a los 45 años, González regresó a El Colorado y permaneció allí más tiempo del permitido por su licencia. Al volver, la empresa rescindió su contrato, pero la WWF de Vince McMahon lo contrató para reemplazar a André The Giant, quien se había retirado por problemas de salud.
En la WWF peleó más de 200 veces al año contra estrellas como Hulk Hogan y The Undertaker. Hizo giras por México, Europa y Japón, donde se convirtió en una gran estrella. Además, participó en publicidades, películas clase B y un episodio de Baywatch junto a Pamela Anderson y David Hasselhoff.
Los problemas de salud y el regreso a Formosa
Durante su carrera como luchador, González comenzó a experimentar mareos y desvanecimientos. Cuando intentó regresar al básquet en Andino de La Rioja, le descubrieron diabetes, hipófisis deteriorada y órganos funcionando mal. Su condición de gigantismo acromegálico, causada por una glándula pituitaria que producía hormona de crecimiento de manera excesiva, nunca había sido tratada adecuadamente.
Con el dinero ganado en el básquet y la lucha libre, se construyó una casa a medida en El Colorado. Los marcos de las puertas eran altísimos, los artefactos de baño y cocina estaban sobre plataformas de cemento de un metro de altura, y la cama medía 2,70 metros. Sin embargo, malas inversiones y su generosidad con sus hermanos lo dejaron sin recursos económicos.
Los últimos años del Gigante
En sus últimos años, González vivía en El Colorado prácticamente recluido, usando una silla de ruedas como caminador. Esperaba ayudas del gobierno, subsidios y atención médica. En entrevistas confesó sentirse como “el oso de circo” del pueblo, objeto de la curiosidad ajena.
Según declaraciones recogidas por la periodista Leila Guerriero, González expresó su frustración: “Vienen a ver al monstruo de dos metros treinta y a cagarse de risa”. Estaba convencido de que moriría joven, como indicaban las estadísticas para personas con su condición, que señalaban una esperanza de vida entre los 45 y 50 años.
La historia de Jorge González permanece como testimonio de las dificultades extremas que enfrentó una persona excepcional en un mundo diseñado para dimensiones promedio, recordando que su mayor anhelo siempre fue simplemente ser normal. Las circunstancias que lo llevaron a la fama también determinaron su trágico final prematuro.

